BRINES BRILLA EN ANAYA

Se ha definido como un incrédulo estudiante de derecho, ya que fue absorbido por un curso de filología hispánica en la Universidad de Salamanca… esa Anaya de hace unos días… ‘cuando Antonio Tobar era rector’ – recuerda. Le enseñó sus primeros poemas al profesor Zamora Vicente, sin dejar de ser  un alumno más de la Facultad de Derecho.

El poeta Francisco Brines ha contado  esta mañana una pequeña historia en el lugar donde pasó su mejor curso… con los ecos del Aula Magna de la Facultad de Filología:

A veces no te quitabas el gabán, hacía frío… y en aquella época había escupideras. También había carteles, con prohibido escupir y prohibido blasfemar. La gente escupía más. Hoy no hay escupideras. Tampoco carteles. Y la gente no escupe. Ni blasfema […] Porque las prohibiciones son la incitación del pecado.

La jornada de estudio en honor del poeta valenciano, galardonado con el XIX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, ha hecho que Brines vuelva a la Universidad donde estudió, en la que ha sido bienvenido con palabras, primero de agradecimiento, segundo de amor. Así despedía Noemí Domínguez – vicerrectora de Relaciones Institucionales – su intervención en el acto de apertura de esta jornada.

 

Yo soy  un instrumento de la poesía. La poesía no te permite comprar un coche. Pero es útil porque te hace gozar de vida, mucho más que si no fuésemos lectores de poesía. Así ha dejado constancia de su inteligencia y tesón… de su capacidad para utilizar la palabra más adecuada…  algo así como le mot juste de Flaubert. Lo pueden comprobar escuchando cómo habla sobre Ana Matute, sobre sus poemas y sobre su vida… escribir.

 

 

 

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